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Transformamos la información contable en una herramienta útil para la toma de decisiones.
Analizamos los números del negocio para entender qué es realmente rentable, dónde se generan los costes y qué aspectos se pueden mejorar. Estudiamos márgenes, gastos, resultados por áreas o líneas de negocio y otros indicadores clave para obtener una visión clara de la situación de la empresa.
El objetivo es ir más allá de la contabilidad tradicional: entender lo que nos dicen los números y convertirlos en decisiones que ayuden a mejorar la rentabilidad, planificar el futuro y hacer crecer el negocio con criterio.
Hemos recogido algunas de las preguntas que nos hacen con más frecuencia para ofrecerte respuestas claras, prácticas y fáciles de entender. Un espacio pensado para ayudarte a resolver las primeras cuestiones de forma rápida y sencilla.
La facturación por sí sola no permite saberlo. Es necesario relacionar los ingresos con todos los costes necesarios para generarlos y analizar el resultado obtenido.
Además del resultado global, resulta interesante estudiar la evolución de los márgenes, los costes fijos y variables y la rentabilidad de las diferentes actividades. Esto permite saber no sólo si la empresa gana dinero, sino cómo lo gana y dónde lo gana.
No necesariamente. Una empresa puede incrementar sus ventas y, al mismo tiempo, reducir su rentabilidad si los costes crecen más rápidamente que los ingresos.
Por eso conviene analizar conjuntamente facturación, margen, estructura de costes y resultado. El objetivo no debería ser sólo vender más, sino asegurar que ese crecimiento contribuye positivamente al resultado del negocio.
Es necesario identificar los ingresos y los costes asociados a cada producto, servicio o línea de negocio.
La contabilidad analítica permite distribuir los costes según criterios coherentes y calcular márgenes por actividades, productos, servicios, departamentos u otras unidades que resulten útiles para la empresa.
Esto puede revelar que las líneas que más facturan no son necesariamente las que generan mayor beneficio.
El precio no debería determinarse únicamente mirando qué cobra la competencia.
Es necesario conocer los costes directos, la parte de los costes generales que debe absorber cada actividad, el margen que se quiere obtener y las condiciones del mercado. Si desconocemos el coste real de lo que vendemos, podemos estar trabajando con un margen muy inferior al que pensamos o incluso generando pérdidas sin ser conscientes de ello.
Los costes fijos son aquellos que, dentro de un determinado nivel de actividad, no varían directamente en función de las unidades vendidas o producidas, como pueden ser determinados alquileres o estructuras administrativas.
Los costes variables evolucionan más directamente con la actividad, como determinadas materias primas o mercancías. Distinguirlos ayuda a entender mejor el comportamiento económico del negocio y calcular márgenes y puntos de equilibrio.
Es lo que habitualmente conocemos como punto de equilibrio o umbral de rentabilidad.
Consiste en calcular qué nivel de actividad necesita la empresa para que los ingresos cubran los costes. Para hacerlo correctamente es necesario conocer la estructura de costes y el margen de contribución.
Es un dato especialmente útil para establecer objetivos de ventas y analizar la viabilidad de un negocio o nueva línea de actividad.
Porque beneficio y tesorería no son lo mismo.
Una venta puede contabilizarse como ingreso antes de cobrarla; una inversión puede provocar una importante salida de dinero pero tener un tratamiento contable distribuido en varios ejercicios; y los préstamos, impuestos, existencias o plazos de pago y cobro también afectan a la liquidez.
Analizar la tesorería es, por tanto, tan importante como analizar el resultado.
Sí, siempre que dispongamos de datos suficientes para atribuir ingresos y costes.
Un cliente que factura mucho puede consumir también muchas horas de trabajo, generar desplazamientos, incidencias, descuentos u otros costes. Analizar la rentabilidad por cliente o grupo de clientes puede ayudarle a revisar precios, condiciones comerciales y prioridades.
No existe una periodicidad universal. Dependerá del tamaño, actividad y velocidad con la que cambia el negocio.
En muchas empresas es útil disponer de un seguimiento mensual o trimestral de un conjunto reducido de indicadores: facturación, margen, costes, resultado, tesorería, evolución respecto al presupuesto y otros datos específicos de la actividad.
Lo importante es que la información llegue a tiempo para poder tomar decisiones; un informe perfecto que llega demasiado tarde pierde buena parte de su utilidad.
La contabilidad financiera registra y ordena las operaciones de la empresa y permite elaborar las cuentas anuales y cumplir con las obligaciones contables. La legislación exige a los empresarios llevar una contabilidad ordenada y adecuada a su actividad.
La contabilidad analítica, en cambio, reorganiza y explota esta información con una finalidad interna: conocer costes, márgenes y resultados de productos, servicios, departamentos o líneas de negocio. Históricamente, la normativa contable española ya la definía como una herramienta para profundizar en la realidad interna de la empresa y controlar su gestión.
En RAI queremos utilizar esta información para ir un paso más allá: no sólo saber qué ha pasado, sino entender por qué ha pasado y qué podemos hacer a partir de ahora.
Acompañamos a empresas y profesionales en la gestión laboral, fiscal, contable y mercantil de su negocio.
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